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Lo que el Partido Comunista se llevó de la Subsecretaría de las FFAA

Lo que el Partido Comunista se llevó de la Subsecretaría de las FFAA

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Esta columna tiene más preguntas que respuestas, más dudas que certezas, en momentos en que pareciera que habrán más acciones concretas como auditorías a la gestión anterior del gobierno socio comunista de Gabriel Boric que afortunadamente concluyeron. ¿Podemos cantar victoria? ni de cerca, y solo tomaremos una muestra de la autopsia que merece el Estado, sobre un asunto crucial no solo para el gobierno de Kast sino para la seguridad nacional de los próximos años. Galo Eidelstein Silber, militante del Partido Comunista de Chile (PC) y primer comunista en ocupar la Subsecretaría para las Fuerzas Armadas desde 2022 hasta el final del periodo, representó el cierre de cuatro años en los que una ideología históricamente subordinada a potencias extranjeras tuvo acceso directo a secretos de defensa nacional: planes estratégicos, capacidades operativas, presupuestos, proveedores, ciberdefensa y datos de personal militar. Lo más probable es que se hayan llevado copias digitales, respaldos o incluso documentos físicos. En transiciones de este tipo, la exfiltración de información clasificada no es paranoia, es una rutina histórica, mas bien parte de la función política que se cumple de los partidos comunistas.

Los hechos recientes alimentan la alarma. En febrero de 2026, Eidelstein “amarró” a militantes y ex asesoras en cargos de planta con sueldos millonarios (sobre $4 millones mensuales). Jessica Tapia, su ex asesora y exdirectora de la ARCIS, fue designada jefa del Departamento de Estudios y Análisis, un puesto clave para manejar datos sensibles. La UDI y la oposición denunciaron estos amarres como un intento de mantener influencia incluso fuera del gobierno. Pero hay algo más grave, en septiembre de 2025, Eidelstein viajó a China y se reunió con la Comisión Militar Central y empresas como NORINCO, la corporación estatal china de defensa, fundada en 1980, que fabrica una amplia gama de productos militares y civiles. Coincidió con la polémica tramitación del cable submarino Valparaíso-Hong Kong, proyecto que Estados Unidos sancionó por riesgos de espionaje. ¿Casualidad? Difícil creerlo cuando el PC chileno mantiene lazos fraternales con el Partido Comunista Chino (PCCh).

La historia del PC no deja margen a la ingenuidad, en Chile, el partido apoyó la lucha armada del FPMR después de 1973 y recibió armas desde Cuba (caso Carrizal Bajo). A nivel global, los partidos comunistas han actuado como extensiones de potencias rivales: espías soviéticos en Occidente (conocidos mediáticamente los casos Rosenberg, Cambridge Five), infiltración en Cuba y Venezuela (donde Maduro usó inteligencia cubana para reprimir opositores), sabotaje interno en Europa del Este y, hoy, el Frente Unido del Partido Comunista de China, que opera redes de influencia, robo de tecnología y chantaje en todo el mundo. China no solo roba IP militar; instala observatorios “científicos” en Latinoamérica que EE.UU. acusa de espionaje dual y usa cables submarinos para interceptar comunicaciones. ¿Qué impide que datos de las FF.AA. chilenas terminen en Beijing?

Como usted puede ver, las precauciones son urgentes y no admiten demora. El nuevo subsecretario, Christian Bolívar, y el ministro Fernando Barros deben ordenar de inmediato, y estas deben incluir auditorías forenses digitales completas de todos los servidores, correos y dispositivos de la Subsecretaría (Ley 21.459 de delitos informáticos obliga), cambio total de credenciales, claves y accesos a sistemas clasificados, revisión exhaustiva de copias de seguridad y logs de descargas de los últimos seis meses, evaluación de riesgo de cada funcionario “amarrado” por posibles lealtades divididas, coordinación con la Agencia Nacional de Inteligencia (ANI) y aliados como EE.UU. para monitoreo internacional.

Las sanciones posibles para exfuncionarios son severas si nos remitimos al Código Penal (artículos 224 y siguientes), que castiga la revelación de secretos de Estado con presidio menor en sus grados y multa. Si se prueba sustracción o entrega a potencia extranjera, aplica la Ley de Inteligencia del Estado y delitos contra la seguridad exterior (hasta 15 años de cárcel e inhabilitación perpetua). La Fiscalía puede investigar por abuso de cargo y filtración si se cuenta con la voluntad política para revisar todo y sentenciar. No debe haber impunidad, el nuevo gobierno tiene herramientas legales para procesar sin miramientos ni demoras.

Pero si esta información ya esta en peligro de ser mal utilizada, ¿Cómo evitar sabotaje al Estado? el monitoreo constante de exfuncionarios, sin violar derechos, pero con inteligencia activa y con los mecanismos que faculta la ley para este tipo de funcionarios son los pivotes ante una situacion de esta naturaleza, auditorías anuales independientes, fortalecimiento de la Ley de Ciberseguridad y rechazo a cualquier vínculo con empresas chinas en áreas estratégicas, y a nivel internacional, alinearse con democracias que enfrentan la misma amenaza, como es el caso de la AUKUS (entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos), o el QUAD, que agrupa a Estados Unidos, Japón, India y Australia

¿Qué podemos hacer los ciudadanos? tenemos variadas herramientas, todas ellas usadas bien y de manera coordinada pueden mitigar las vulnerabilidades, tales como exigir transparencia total vía Ley 20.285, pedir informes de traspaso, auditorías y viajes oficiales, denunciar cualquier irregularidad ante Contraloría o Fiscalía, apoyar en redes sociales y en las urnas a nuestros parlamentarios que impulsen leyes anti-espionaje más duras; la cuestión es no callar, ejerciendo una vigilancia ciudadana estamos levantando el primer escudo.

Lo esperable, viendo la trayectoria del PC y su cada vez más apoyo de parte de China y profesionalismo, es que la lealtad ideológica esté por sobre la patria. En Cuba, Venezuela o la URSS siempre priorizaron el “internacionalismo proletario” (léase obediencia a Moscú o Beijing). Chile no puede permitirse ser más un eslabón débil. Como podemos ver, el 11 de marzo no es solo un cambio de mando, es una advertencia a estar más atentos que nunca. Si no actuamos todos desde nuestras posibilidades y habilidades con firmeza, los secretos que se llevaron hoy pueden convertirse mañana en chantaje o sabotaje. La seguridad nacional no es negociable.



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