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La urgencia de un reencuadre estratégico para la seguridad nacional. Mirada tecnológica.

La urgencia de un reencuadre estratégico para la seguridad nacional. Mirada tecnológica.

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La arquitectura de seguridad global sufre una metamorfosis bastante importante y no parece haber marcha atrás. Chile está llegando tarde y mal equipado a esta carrera exponencial, intentamos competir en un sprint tecnológico con estructuras del siglo XX y lastrados por dependencias críticas. La soberanía nacional ya no se defiende solo en fronteras físicas como en el norte o en el Estrecho de Magallanes, sino en la capacidad de procesar datos, proteger algoritmos y controlar nuestros activos estratégicos como el litio. Si no pivotamos de una industria convencional naval y aéreo a una de software, IA y agilidad operativa, nuestra autonomía será una ficción subordinada a Washington, Pekín o entidades privadas como que pueden apagar el «switch» cuando lo estimen conveniente. Este es el diagnóstico urgente para nuestras pretenciones en  Seguridad Nacional.

La prospectiva tradicional, esa disciplina que permite anticipar y pronosticar el futuro  ya no está respondiendo a las interrogantes de hoy. El horizonte debe ser más amplio, por ejemplo el año 2045, y eso tampoco es tan largo plazo como puede sonar. Quien no domine IA generativa, robótica autónoma y computación cuántica será neutralizado sin lanzar siquiera un disparo. El retraimiento estadounidense —acelerado por el giro al Pacífico— deja a Chile sin ese paraguas que parecía gratuito por tanto tiempo. China no solo es socio comercial número uno, sino que controla cadenas de suministro críticas y presiona por infraestructura de uso dual en observatorios astronómicos chilenos y el cable submarino Valparaíso-Hong Kong (no podemos derogar su posibilidad de insistencia por parte de la nación asiática), lo que ya provocó acciones explícitas de Washington (revocación de visas a los funcionario del MinTT). El litio —donde Chile es potencia mundial se convierte en nuestro “cuello de botella” estratégico, análogo a las tierras raras chinas.

Considerando la adopción de estas tecnologías por parte de la sociedad , la brecha llaga a ser alarmante. Mientras el Ejército avanza en su propio modelo de lenguaje grande (LLM) soberano y data center para ciberdefensa, la población no se incorpora a la misma velocidad; bajos puntajes PISA en matemáticas (412 puntos, estancados desde 2008) y en ciencias revelan que el 60% central de la población carece de base STEM. La Asociación Chilena de Empresas de Tecnologías de Información A.G (ACTI por sus siglas) lo advierte claramente,  sin talento calificado, no hay soberanía digital.

La ventaja ya no está en plataformas físicas, sino en líneas de código, y esto es más que retórica desde el punto de vista de la programación de un novedoso software. Chile debe saltar del “dron” aislado al enjambre autónomo multi-dominio integrado en una nube de combate nacional. La Estrategia Nacional de Tecnologías Cuánticas 2025-2035 (lanzada en diciembre de 2025) y la política de IA para Defensa (en elaboración con la Universidad Finis Terrae) son pasos positivos, pero insuficientes y que obligan a apurar el tranco para salir de la zona de los “buenos anuncios” y ponerse manos a la obra

Hay cosas que revisten una prioridad absoluta que tienen que ver con nuestra seguridad nacional, el Edge AI (la Inteligencia Artificial de frontera) debe ser una realidad cuanto antes. Si pensamos en un Paso Drake clausurado o de complejo acceso, o de la mismísima Antártica, las unidades de defensa que operan en nuestro país quedarían a expensas de comunicaciones vulnerables. Otro punto es la Computación Cuántica, que rompe los cifrados actuales y tiene a los países en una acelerada adopción forzosa para que sea una realidad, haciendo que la soberanía post-cuántica sea un imperativo inmediato; esto ha cambiado la mirada hacia la Ciberseguridad ya no como un soporte sino una protección del C2 (Comando y Control), pudiendo ponerse en contra nuestro un sistema hackeado en un abrir y cerrar de ojos.

Nuestra base industrial en materia de defensa —FAMAE, ASMAR y ENAER— repite el error del “cliente cautivo”, teniendo como resultado proyectos lentos, poca competencia y bajo porcentaje histórico de gasto en I+D (0,27% del presupuesto en defensa). Fabricamos el T-40 Newén y evaluamos drones conjuntos, pero seguimos atados a licencias extranjeras y ciclos de 10-15 años que entregan sistemas obsoletos, mientras países como Israel prueban enjambres diariamente con sus usuarios finales, todo un desafío pero que logran de manera eficaz; en cambio nosotros aún debatimos los prototipos mas convenientes, retrasando las medidas a implementar.

Con todo ello, hacia un hipotético escenario de 2045 se vislumbra una permanente zona gris en todas partes, esa “Paz Negativa” como la llamaba Johan Galtung por allá en los años 60s, podemos suponer sin equivocarnos mucho que dominará el planeta. Aquí también lo que conocemos en comunicación estratégica como el ciclo OODA (Observar, Orientar, Decidir, Actuar) colapsará a segundos por el empleo de la IA. Esto puede verse agravado por operaciones cognitivas con narrativas sintéticas que erosionen la cohesión social si no establecemos mecanismos más eficientes, como por ejemplo deberá ser más recurrente la lógica del “human in the loop” sin que se convierta en un punto de falla contra enjambres hipersónicos que ataquen. Los pilares más robustos deberán ser  la soberanía energética (litio), educativa y digital. Y no quisiera ponerme catastrófico pero si no estamos atentos a la ceguera orbital, es decir, lo que nuestros satélites o aquellos que operan para nuestros propósitos son intervenidos por tecnología neutralizadora de adversarios, será inútil todo tipo de respuesta.

Como bien sabemos, quien posee independencia tecnológica posee autonomía estratégica; quien no, está condenado a la subordinación y desconexión. Chile tiene litio, talento universitario en nichos como la astronomía/espacio en el norte con los cielos más despejados del mundo, y si prevalece una mayor voluntad política todo lo que mencionamos antes será posible. La ventana 2025-2045 se cierra de a poco, por lo que actuar hoy será clave para no ser irrelevante mañana.

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