La IA soberana, una cuestión de seguridad
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Los datos se han convertido en el nuevo petróleo estratégico, y depender exclusivamente de inteligencias artificiales desarrolladas en el extranjero ya no es solo una decisión tecnológica, la verdad es que representa un riesgo real y concreto para la seguridad nacional. La soberanía en IA significa resguardar nuestra información crítica, mantener pleno control sobre su continuidad operacional y garantizar que todo su procesamiento se ajuste estrictamente a la legislación chilena vigente.
La Ley Nº 21.719 sobre Protección de Datos Personales, que entrará en plena vigencia el 1 de diciembre de 2026, establece el estándar que tenemos que cumplir sí o sí. Esta norma exige el consentimiento informado, protección reforzada para datos sensibles y, especialmente, un resguardo riguroso de la información perteneciente a niños y adolescentes. Su tratamiento solo se autoriza en el interés superior del menor y con la aprobación explícita de padres o tutores, reconociendo la potestad familiar como principio fundamental. Una IA soberana debe integrar, desde su arquitectura, filtros automáticos y protocolos que impidan tanto la exposición de menores a contenidos dañinos como la recolección indebida de sus datos personales. De igual importancia es proteger la información clasificada y estratégica del país —militar, económica o diplomática—, que no puede quedar alojada en servidores fuera de nuestra jurisdicción. La continuidad operacional de la que hablábamos antes, también corre peligro: ¿qué sucedería si un proveedor extranjero bloquea el acceso por razones geopolíticas? Solo una infraestructura bajo control soberano asegura que el Estado y las familias conserven el mando real.
Frente a este desafío, el esfuerzo del Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) merece un reconocimiento. El lanzamiento de Latam-GPT en febrero de 2026 marca un hito regional al tratarse del primer gran modelo de lenguaje abierto entrenado con datos, idiomas y realidades de nuestros países latinoamericanos. Desarrollado junto a más de 60 instituciones de 15 países, busca reducir los sesgos culturales y abrir el acceso a la IA. Además, impulsa el desarrollo de capital humano local, formando expertos y posicionando a Chile como referente en la materia.
Otros países ya demuestran que esta soberanía es alcanzable y estratégica. En el Golfo Pérsico, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita han invertido fuertemente en sistemas propios. Los EAU impulsaron el modelo Falcon y plataformas como SovereignGPT, donde los datos nunca salen del territorio gracias a nubes nacionales y leyes estrictas de localización. Arabia Saudita, mediante su Autoridad de Datos e IA (SDAIA) y una inversión superior a los 100 mil millones de dólares, obliga a procesar la información corporativa sensible en centros de datos locales, protegiendo así los activos de sus empresas y garantizando continuidad operativa incluso en escenarios de tensión internacional.
Corea del Sur sigue un camino similar con su Ley Básica de Inteligencia Artificial. Prioriza modelos entrenados con datos nacionales, el desarrollo de NAVER Cloud con su LLM (modelo de lenguaje extendido) HyperCLOVA X, cuenta con 4,000 GPUs NVIDIA B200 (Blackwell), y ha desplegado una ambiciosa infraestructura con data centers locales. De esta forma protege los activos corporativos de compañías como Samsung y mantiene el control completo sobre los datos utilizados para entrenar sus sistemas.
Volviendo a Latam-GPT si bien destacamos sus logros, aún resulta limitado y requiere mejoras importantes. Como modelo base abierto es valioso para usos educativos y civiles, pero carece de las capas de seguridad exigidas para información clasificada o corporativa sensible, como cifrado end-to-end, despliegues on-premise certificados y auditorías conforme a la Ley 21.719. Para resguardar a la infancia urge incorporar módulos robustos de moderación parental. Su escalabilidad también depende de construir mayor infraestructura nacional.
Las mejoras son factibles, y como hemos dicho, es necesario crear centros de datos soberanos, exigir certificaciones nacionales, formar intensivamente talento especializado y priorizar datos chilenos y latinoamericanos en futuros entrenamientos, tal como lo hacen los países líderes. No se trata de aislarnos, sino que construyamos con mayor rigor y ambición sobre lo ya alcanzado.
La IA soberana queridos lectores pasó de ser un lujo o un constante y entretenido Hype, ya es hora de tomarlo más en serio en su implementación real como una cuestión de seguridad nacional que protege nuestra información, nuestra infancia, la autoridad de las familias y el desarrollo estratégico del país. Fortalecer el CENIA y elevar Latam-GPT al estándar internacional es la decisión correcta. Chile tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de liderar esta transformación en la región, estamos en el momento preciso.