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El convergente camino hacia lo nacional y la búsqueda de conservar lo Nuestro.

El convergente camino hacia lo nacional y la búsqueda de conservar lo Nuestro.

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No deseo ni bajarle el ánimo ni mucho menos aguar la fiesta, pero la verdad es que no hemos ganado el discurso ni de cerca, y eso se nota en cómo salieron las cosas en estas elecciones parlamentarias y presidenciales del pasado domingo. Si bien el partido Republicano fue un claro ganador electoral de la jornada, la cuestion narrativa exige que hagamos un doble click; en la Cámara de Diputados se lograron, como sector, 76 escaños de los 155 totales, menos de la mitad, y en el Senado habrán para el próximo periodo 25 legisladores de un total de 50, lo mismo que la izquierda. La sorpresa fue que en la presidencial hubo un 20% de chilenos que votaron muchos agnósticos políticos, un grupo que no se distingue claro su ideología y que complica los forecasting electorales, algo que el candidato del Partido de la Gente (PDG), Franco Parisi, define como la «clase media olvidada», y de plano «marginada» por las élites. Ahora, otra discusión que abre este alto porcentaje es, ¿qué tan bien están sabiendo leer las encuestadores y recogiendo la molestia de la gente con el desastre del gobierno de Boric? –la inseguridad por las nubes, la economía en picada–, y ese sector, el del PDG, obtuvo pingües ganancias en ese sentido, siendo francos, también lejos, incluso más que la derecha, de haber cambiado la narrativa de manera profunda, por supuesto. Volviendo a la derecha, a través de un proyecto más claro y determinado a acabar con la delincuencia y la inmigración descontrolada que ha provocado un malestar generalizado, entrega soluciones concretas aunque insuficientes, mientras la izquierda sigue mostrando músculo, sobre todo con figuras del octubrismo que están más vivas que nunca.

Por ejemplo, pensemos en Beatriz Sánchez, que en su momento, en las presidenciales del 2017, sacó un sólido 20.27% de los votos en la primera vuelta, quedando tercera pero con más de 1.3 millones de sufragios. Ahora, como senadora, representa esa vigencia del estallido del 2019, con ideas que siguen resonando en un sector importante. O Irací Hassler, que en las municipales del 2021 ganó la alcaldía de Santiago con un 38.62% de los votos, superando a sus rivales por amplio margen y capturando unos 65.000 sufragios en una comuna clave. Aunque en las del 2024 bajó a 28.48% y perdió contra el representante de Renovación Nacional, Mario Desbordes (que se llevó el 45.34%), su presencia sigue pesando con la obtención de un escaño en la Cámara de Diputados con 46.678 votos, mostrando cómo el octubrismo no se apaga fácil. Y ni hablar de Karol Cariola, la comunista que en las legislativas del 2021 arrasó en el Distrito 9 con un 23.55% de los votos, equivalentes a más de 40.000 sufragios, y que en estas del 2025 se reeligió con cifras parecidas, alrededor del 22%, manteniendo su escaño y hasta presidiendo la Cámara Baja en el 2024. El Partido Comunista en general tuvo votaciones altísimas: el contraste lo marca su candidata Jeannette Jara, que sacó un paupérrimo 26.8% en esta primera vuelta, con 3.446.854 votos, una cifra con pocas posibilidades reales de triunfo para la segunda vuelta, afortunadamente. En lo legislativo, el PC rondó el 7% de los votos nacionales en diputados (se tradujo en unos 11 escaños) y alcanzó una senaturía más, lo que demuestra que sigue fuerte pese al desgaste del gobierno.

¿Y qué me dicen de Pamela Jiles? Sin duda tiene una astucia impresionante. En 2021, como diputada por el Distrito 12, se llevó un 23.55% con más de 70.000 votos, pero ahora, al saltar al PDG, lo impulsó de verdad. En estas elecciones del 2025, Jiles obtuvo alrededor del 18% en su distrito, ayudando al PDG a capturar 14 escaños, convirtiéndolo en un jugador clave para negociaciones y siendo un partido “visagra”, lo que obligará tanto a la izquierda como a la derecha a pactar, y diluye en parte la agenda ideológica de izquierda, si lo vemos positivamente. Bueno, todo lo anterior prueba que el músculo de la izquierda radical se mantiene tonificado porque ha realizado un trabajo minucioso durante décadas en el tejido social y popular.

El premio limón, conocido por otorgarse a quien no goza de simpatía y que con cierta alevosía se pretende exponer por su desagradable presencia, es el que el candidato Parisi le entregó a Alberto Mayol, con su encuesta activista La Cosa Nostra (cuyo socio es el asesor principal de la campaña de Jara, el comunista Darío Quiroga), y no deja de tener razón; su metodología dejaba fuera sistemáticamente a ese 20% de votantes que prefirió la propuesta del doctor en Administración de la Universidad de Georgia (USA), prediciendo cifras bajas durante meses, lo que le costó las burlas del PDG y de gran parte de la derecha, restando la credibilidad artificialmente inflada por los medios progresistas como una suerte de gurú politológico “ponderado”. Su «Cosa Nostra» se volvió meme, y enalteciendo el trabajo de Johannes Kaiser y su equipo, pero intentando engañarlos a ellos y sus votantes al presentar números que lo mostraban con alta probabilidad de pasar a segunda vuelta en desmedro del más competitivo, Kast; todo esa estrategia activista disfrazado de ciencia no funciona.

Lo preocupante es que la gente no ha recibido en sus manos una propuesta ideológica que defienda valores trascendentales, como la familia, las tradiciones y la soberanía nacional más allá de la seguridad interna y elementos de orden cívico fundamentales. Las reacciones son más por la delincuencia extrema –con alza en homicidios que nunca había visto antes como el sicariato, que subieron bajo Boric– y la pésima conducción económica (si es que puede llamarse tal), claro, poco podemos confiar en las cifras maquilladas del gobierno, pero es algo que se siente en el día a día. Insistimos en que sin una base ideológica sólida que sea consecuencia de una cosmovisión trascendente, seguimos vulnerables ante los vaivenes marxistas camuflados de luchas sociales aparentemente justas. La clave está en unir fuerzas: que Chile Vamos y los nacional-libertarios bajo el liderazgo de republicanos, converjan en ideas, gestión y moral, lejos de carreras personales, priorizando el país y así abatir de una vez al comunismo. Hay que enfocarse en la proyección de nación a largo plazo.

Al final, lo que puede marcar la diferencia es dirigir los esfuerzos hacia una discursividad que se oponga decididamente hacia el comunismo mediante una conducción nacional-conservadora, que por cierto ya es conocida en José Antonio Kast, en la propuesta valórica de la candidatura de Johannes Kaiser que lo decía claramente, en Chilevamos también permanece aunque en menor intensidad que antaño; esa postura que hable sin temor de conservar lo bueno, reformar sin refundar y cuidar el legado de generaciones anteriores que forjaron nuestro país; una orientación que ya funciona en Europa –miremos la Hungría de Orbán o la Italia de Meloni protegiendo a la familia tradicional y las fronteras territoriales; el caso de Polonia, con una combinación compleja pero compacta de conservadurismo católico y patriotismo – o el mismo EE.UU. que avanza cada día con mayor fuerza y nitidez entre los republicanos estadounidense que gobiernan. 

La Economía tiene como aspecto fundamental el proteger la industria nacional, y esto no es estatismo, es dar garantías al inversor de Chile de que se mantiene vivo su espíritu emprendedor al más alto nivel, con cargas impositivas sanas que no lo ahoguen, promover la competitividad y reglas claras, creando trabajos, tambien, con mayor calificación; en lo social resguardar costumbres y símbolos patrios, pero sobre todo, poner a la familia como pilar de la sociedad, cuidando nuestro acervo cultural con determinación. Es el camino irrefutable para conservar lo nuestro, encantar a ese 20% que busca la prevalencia del sentido común, que busca soluciones prácticas a su día a día, pero que también se niega a repetir esos oscuros días del  octubrismo insurreccional que nos trajo la izquierda y que tanto daño han hecho a Chile. Se hace imperioso encontrar la unidad de un proyecto común que beneficie a todos los chilenos, que les devuelva la confianza en la meritocracia y en ofrecer igualdad de oportunidades sobre todo para quienes más lo necesitan.

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