Cambio de mando y espíritu
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Hoy, 11 de marzo de 2026, nuestro orgulloso país Chile celebra el cambio de mando presidencial con un espíritu renovado de esperanza colectiva. En un acto republicano cargado de simbolismo patriótico y unidad nacional, el Presidente en ejercicio, Gabriel Boric entrega la conducción de la nación en muy malas condiciones, con las peores cifras en años, usted tome la materia que quiera y verá que esto es cierto; quien recibe, José Antonio Kast lo hace portando una profunda esperanza del pueblo que demanda con urgencia un giro decisivo hacia la protección efectiva de sus ciudadanos, las oportunidades equitativas para todos y el desarrollo integral de cada persona en plenitud. Inspirados en los valores profundos de nuestra identidad histórica y cultural, el gobierno entrante tiene la misión sagrada de guiar a Chile por caminos de unidad verdadera, grandeza compartida y prosperidad sostenible que beneficie a cada familia y comunidad.
Vivimos en un mundo convulsionado por fuerzas impredecibles y actores que amenazan con escalar aún más la situación. La guerra entre Irán y la dupla USA/Israel define una nueva realidad geopolítica llena de incertidumbres económicas y estratégicas que afectan directamente nuestras vidas cotidianas, aunque creamos que no nos afectan por estar lejos. Chile debe responder con soberanía absoluta y visión clara, fortaleciendo sus defensas nacionales, cultivando alianzas sólidas con democracias afines que respetan la libertad y evitando enredos innecesarios que comprometan nuestra paz interna. Paralelamente, China se consolida como potencia económica indiscutible y socio comercial importante para nuestro crecimiento. Las relaciones con Pekín deben ser siempre pragmáticas, enfocadas estrictamente en un comercio mutuamente beneficioso, inversión estratégica y exportaciones de calidad superior. Ante el mundo debemos tener una acción clara, sin concesiones ideológicas comunistas matizadas. Chile tendrá que mantener su compromiso inquebrantable con la libertad individual, los derechos fundamentales, los valores occidentales y la democracia representativa sin ambigüedades ni retóricas convenientes para estar bien con Dios y con el diablo.
En este escenario internacional complejo y desafiante, el verdadero motor de nuestro progreso radica en el desarrollo pleno y armónico del capital humano de nuestra gente. Cada chileno y cada chilena posee talentos únicos y potencial divino que deben ser cultivados con dedicación total a través de una educación de excelencia integral, formación continua permanente e innovación audaz en todos los sectores. Invertir en nuestra gente no es un gasto ni menos solo responsabilidad del mercado, es la apuesta más inteligente por un futuro donde la creatividad, el conocimiento y el esfuerzo personal impulsen un crecimiento sostenible que eleve a toda la nación. Este enfoque en el ser humano como centro asegura que nadie quede rezagado en el camino hacia la modernidad.
Esta visión transformadora se ancla firmemente en nuestra herencia cristiana milenaria, que constituye la base moral inquebrantable de la nación desde sus orígenes. Los principios eternos de dignidad humana absoluta, justicia social verdadera y caridad fraterna, inspirados directamente en el evangelio y la tradición católica, deben orientar con sabiduría todas las decisiones políticas del nuevo gobierno. En una época de cambios vertiginosos y relativismo moral, la fe ofrece estabilidad, propósito profundo y guía ética para superar cualquier adversidad, reafirmando que sin esta raíz espiritual Chile perdería su esencia misma.
Central en esta base cristiana inmutable está la familia como pilar fundamental e irremplazable de la sociedad entera. Proteger y fortalecer la familia –esa unidad natural sagrada de padre, madre e hijos unidos en amor responsable– es esencial y prioritario para el futuro. Políticas concretas que promuevan la vida desde la concepción, el apoyo integral a la parentalidad, la educación en valores morales sólidos y la estabilidad económica familiar construirán comunidades sólidas, resilientes y una sociedad cohesionada que resista cualquier tormenta global. Solo con familias fuertes Chile podrá sortear los desafiantes momentos que vivimos.
Los chilenos, en su inmensa mayoría, exigen con voz clara y firme un cambio concreto e inmediato: mayor protección efectiva para sus ciudadanos en todos los ámbitos de la vida diaria. Esto implica seguridad real en las calles y campos, orden público restaurado, fronteras controladas con inteligencia y justicia eficaz contra el delito. Pero también significa más oportunidades reales y accesibles: acceso pleno a empleo digno y estable, emprendimiento facilitado sin trabas burocráticas y movilidad social auténtica. Un país donde el esfuerzo cotidiano sea justamente recompensado y donde el talento de cada uno florezca sin impedimentos, evitando la destructiva inclinación de “apitutarse” que tanto daño le hace a la meritocracia.
Para concretar estas aspiraciones nobles y urgentes, urge establecer una alianza estratégica, permanente y fructífera entre el Estado y el sector privado. Rechazamos tanto el Estado mínimo que abandona sus responsabilidades esenciales, así como también advertimos del defecto de ser excesivamente intervencionista, tanto que ahoga la iniciativa individual. Un Estado fuerte, regulador equitativo, impulsor clave de infraestructura vital, garante de derechos sociales básicos y socio activo en el desarrollo nacional. A través de colaboraciones público-privadas inteligentes en minería sostenible, tecnología avanzada y energías renovables, podamos generar riqueza compartida de manera justa. Todos –empresarios visionarios, trabajadores comprometidos, Estado facilitador y ciudadanos vigilantes– participen activamente de los frutos de esta unión virtuosa, en un pacto nacional por el progreso solidario que eleve a cada chileno.
Chile cuenta con recursos naturales abundantes, una posición geográfica privilegiada estratégica y, sobre todo, un pueblo resiliente, trabajador y lleno de fe inquebrantable. El liderazgo inspirador del nuevo gobierno debe orquestar estos activos valiosos con visión de largo plazo, planificación inteligente y ejecución decidida para el bien de todos.
En este día histórico donde renovamos nuestro compromiso a la nación, llamamos a la unidad fraterna entre quienes queremos lo mejor para Chile y pudiendo aislar a quienes buscan socavar su fuerza y poder. Construir juntos con optimismo pero realismo también un Chile más seguro, más próspero y fiel a sus raíces eternas. Un Chile donde la fe ilumine el camino diario, la familia sea el refugio inigualable y cada persona tenga la oportunidad real de realizarse plenamente en dignidad y libertad.
Presidente Kast, nos cuadramos detrás suyo mientras mantenga como norte la defensa de los principios fundantes de nuestra patria y lo mejor para ella, con la ayuda providencial de Dios, la sabiduría de nuestros antepasados y el compromiso colectivo incansable de todo el pueblo. Solo así, Chile avanzará con paso firme hacia un futuro de esperanza realizable y realización nacional plena. ¡Que Dios bendiga a nuestro país y lo guíe siempre!